Espera las vacaciones.
Espera que le aumenten el sueldo.
Espera que le hablen.
Espera año nuevo para tomar grandes decisiones.
Espera que las cosas se den.
Espera que sea la hora de cerrar el negocio.
Espera tener un trabajo.
Espera terminar la facultad.
Espera su cumpleaños.
Espera el viernes.
Espera el sábado.
Espera que la situación económica mejore para desarrollar su proyecto.
Cuando aprendes a caminar y hablar te regalan tres cajitas. Una cajita es para poner las cosas buenas, otra para poner las cosas malas y la última es para poner las cosas neutras, ni buenas, ni malas.
Creces clasificando todo lo que sucede a tu alrededor en "bueno" "malo" y "neutro".
Lo bueno te da placer, es lindo, te hace sentir bien. Querés que se repita esa sensación de nuevo, por eso esperas.
Lo malo, en cambio, te duele, te hace mal, te da miedo. Evitas las cosas malas y a veces sin conocerlas del todo. Entonces, si percibís que algo no te gusta o no es "bueno", vas y abrís la cajita de cosas malas y lo guardas ahí.
Lo neutro te da ¿? nada. Es neutro justamente. Son cosas, sensaciones, experiencias, que pasan y no te das cuenta. No las sentís, y como no sabes como clasificarlas, las pones en esa cajita.
El problema es que la vida no puede ser dividida en tres cajitas. Todas las cosas que te pasan son buenas y malas al mismo tiempo. La gente pasa tanto tiempo esperando porque no saben que esas cajitas no sirven. Pasan horas, días, meses y hasta años dormidos, ausentes, esperando que pase algo que puedan meter en la cajita de las cosas buenas. ¿Y que pasa con todo ese tiempo? No lo vivís.
Cuando entendes esto empezas a ver las cosas desde otro punto de vista. Las cosas malas ya no son tan malas y las neutras dejan de ser neutras. Hasta las cosas más simples te hacen bien. Como jugar con tu hermano, mirar a las personas desde la ventana del bondi, o pasar horas sin hacer nada con alguien.
