El bocho te va a mil, tratas de calmarte y cada vez te salen más pensamientos. Buenos, malos, no importa, la cuestión es que pensás tanto que no te dejas pensar. Justamente por esto no haces nada, porque cuando pensás, no haces. Entonces estás ahí, sentado, en stand-by, pensando en que pensas. Pensando en que pensás que estas pensando. Pensando en todo eso que tenes que hacer, en todo eso que queres hacer, en todo. En nada.
Te metes al baño, abrís el agua de la ducha, cerras la puerta y te quedas mirándote en el espejo. ¿Por qué no? Fue, apagas la luz. Te metes abajo del agua y es todo muy raro.
Al principio sentís demasiado, sentís eso que no podes sentir cuando estás mirando todo constantemente. Sentís el agua tibia muy cómodamente pegándote en la piel, o tal vez sentís ese agua fría, pero refrescante que te relaja y limpia tu cabeza.
De pronto no sentís más, sabes que estás en tu baño, con el agua pegándote, pero ya no te importa porque te bañas por inercia sin pensar. Sin pensar en el hecho de bañarte, porque ahí es cuando tu cabeza tiene lugar para pensar en todo eso que no podías pensar. Pensas, pero de a poco, entendiendo las cosas que te molestaban hace un rato, viendo que no son tan malas como creías, organizando ese mambo interno que no te dejaba ser. Te encontrás con vos mismo, si, suena muy cursi y pelotudo pero es así, estás con vos porque estás solo, sin celular, sin tus amigos, tu pareja, tus viejos, nada. Solo vos y vos. Y te entendes, te ayudas a resolverte y te parece que sos demasiado raro por hacer esto pero no te importa porque todo esta bien y te sentís bien. De pronto volves a sentir el agua en tu piel y te das cuenta que ya te bañaste. Salís del baño. No pasó nada, pero ya sos otro, o mejor dicho, sos vos de nuevo.
Todo esto sí me pasó y me pasa (excepto que ni en pedo me baño con agua fría). Esto es tan real y no sé... catártico. Pensamos muy similar.
ResponderBorrar